Katmandú.- El monte Everest, considerado la cima más alta del planeta, enfrenta una creciente crisis de contaminación en sus zonas más extremas. El Campamento IV, uno de los últimos puntos de descanso antes de alcanzar la cumbre, acumula carpas abandonadas, cilindros de oxígeno, latas, equipos de montañismo deteriorados y otros residuos.
El aumento del montañismo comercial y del número de expediciones ha generado una cantidad cada vez mayor de desechos en una de las regiones más inhóspitas del mundo, donde las bajas temperaturas y las condiciones extremas dificultan considerablemente las labores de limpieza.
La acumulación de residuos no solo afecta el paisaje del Everest, sino que también representa un desafío ambiental en una zona donde retirar basura implica enormes riesgos para los equipos de limpieza, debido a la altitud, las bajas temperaturas, los fuertes vientos y la falta de oxígeno.
Las imágenes de los campamentos muestran un contraste preocupante: mientras miles de montañistas llegan cada año atraídos por el desafío de conquistar el Everest, toneladas de equipos y desperdicios permanecen abandonados en diferentes puntos de la montaña.
El fenómeno ha reavivado el debate sobre la responsabilidad ambiental del turismo de alta montaña y la necesidad de fortalecer las medidas para reducir, retirar y controlar los residuos generados por las expediciones.
El Everest, símbolo mundial de aventura y naturaleza extrema, enfrenta así una paradoja: la creciente popularidad de conquistar su cumbre amenaza con convertir sus laderas en uno de los vertederos más altos del planeta.
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