Por: Salvador Holguín, diciendo lo que otros callan.
Entonces surgen preguntas incómodas: ¿Porqué en la política dominicana la juventud es vista como una amenaza y no como una fortaleza? ¿Porqué para innovar, emprender o revolucionar la tecnología ser joven sí es una virtud, pero para gobernar es casi un delito?
Ahí están los ejemplos que el mundo entero reconoce: Mark Zuckerberg creó Facebook siendo poco más que un universitario y hoy dirige una de las plataformas más influyentes del planeta. Steve Jobs visualizó Apple siendo joven y cambió para siempre la forma en que la humanidad se comunica, trabaja y crea. Y si vamos a nuestra propia historia, el padre de la patria Juan Pablo Duarte cuando tenía aproximadamente 25 años concibió La Trinitaria y la idea de una República libre siendo apenas un joven soñador con convicciones firmes y amor por la patria.
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿La juventud sirve para crear imperios tecnológicos, liberar naciones y transformar sociedades, pero no para gobernar? ¿O es que solo se acepta al joven cuando es útil para llenar guaguas, agitar banderas y servir de escalera a los mismos de siempre?
La tendencia global es clara e irreversible: el relevo generacional no solo es necesario, es urgente. Ser joven no descalifica; lo que desprestigia es la mediocridad, falta de visión y el apego enfermizo a un poder que se niega a renovarse.
En la República Dominicana ya existen equipos jóvenes que han demostrado, con hechos, que la edad no es sinónimo de improvisación. Jóvenes que han hecho comunicación responsable, valiente y de alto valor en defensa del país, cuando eso era territorio exclusivo de los “viejos robles” y estructuras cerradas al cambio.
Negarle espacio a la juventud no es prudencia política; es miedo. Miedo a perder privilegios, a la innovación y al futuro. Y un país que le teme a sus jóvenes está condenado a quedarse atrapado en el pasado.
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