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Por: Inés Aizpún. -Baja la ocupación hospitalaria y baja la positividad de la epidemia. Ya se está superando la tercera ola y la vacunación, sin duda el gran éxito del Gobierno, avanza tanto en su plan de refuerzo de la tercera dosis como en la aplicación de las dos primeras.

Son buenas noticias aunque no haya que cantar victoria ni pretender que el virus ya no presenta peligro. Pero se respira otro ánimo y ganas de retomar lo que llamábamos la vida diaria. Pero ahora va más rápida.

Han pasado muchas cosas en las últimas dos semanas. Un huracán nos esquivó, asesinaron al presidente de Haití, el pueblo cubano se tiró a la calle. Se anunció el retorno a las clases presenciales, hay acuerdo en el aumento para el sueldo mínimo, se discute la reforma de la ley de Seguridad Social.

Todo se acelera quizá porque todo se detuvo por casi un año. Pronto analizaremos el primer año de la gestión de Luis Abinader y se harán los resúmenes y balances de rigor. Pero cualquier análisis deberá empezar por reseñar la intensa agenda de trabajo, el ritmo que ha impuesto el presidente a sus equipos, a sus funcionarios.

Antes de las 8.00 am ya hay una actividad que cubrir y antes de reseñarla correctamente se han producido otras dos ruedas de prensa, un anuncio, media inauguración y dos aclaraciones. Un almuerzo de trabajo, una conexión en vivo, fotos en un encuentro. Dicen los funcionarios que el presidente no les pierde la pista, que tiene todos los proyectos en marcha en la cabeza y pregunta y pregunta y presiona y presiona. Que a las 10 de la noche tira un decreto y que todavía a las 12 manda un mensaje . Que seguirle el ritmo empieza a ser difícil…

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