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Por: Inés Aizpún. -Ser mujer hoy en Afganistán debe ser el infierno. Es casi imposible creer que los talibanes sean capaces de crear ¡otra vez! una sociedad tan hostil y cruel para las mujeres… que son sus esposas, hermanas, hijas, madres.

Ahora la sociedad occidental recoge firmas, como si a los talibanes el gesto les fuera a cambiar la ideología. La vida de una mujer afgana bajo la dictadura talibán es estar condenada a no vivir, en el mejor de los casos.

Estas son las palabras de Nilofar Bayat, capitana del equipo de baloncesto en silla de ruedas de Afganistán que pudo hablar con una cadena de radio de España: “Yo sé, y todo el mundo sabe, que los talibanes nunca aceptarán a las mujeres en la sociedad. No lo permitirán y no nos darán los derechos que tenemos. No nos dejan ir a la escuela, al trabajo o hacer deporte. Tampoco nos dan derecho a comportarnos como queramos, no permiten que las mujeres llevemos la ropa que queremos, trabajemos o vayamos a la compra. Sí, tengo miedo… No se puede confiar en lo que dicen. Lo hemos perdido todo. Todo por lo que habíamos trabajado y habíamos conseguido en estos 20 años”.

“Todo” para esta joven es haber podido estudiar, trabajar y hacer deporte, después de haber quedado en silla de ruedas precisamente por un misil de los talibanes hace 20 años. Lo que para los occidentales es una vida normal para ella es una vida excepcional y la acaba de perder.

Ayer cuatro mujeres en Kabul protestaban en la calle con unos carteles, reclamando sus derechos frente a talibanes armados. Eso es valor. Entereza.

(Francamente, recoger firmas empieza a estar sobrevalorado. Crea la ilusión de hacer algo sin arriesgar absolutamente nada. Por eso los talibanes siempre ganan).

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