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Santo Domingo.- El economista Bernardo Vega, dijo que el Congreso Nacional de la República no es más que un refugio de delincuentes que gozan de inmunidad parlamentaria y que por eso hacen lo que se les antoje apoyados en su posición.

 

El también historiador dijo que estos no pueden ser procesados ante la justicia sin la previa autorización de la misma Cámara Baja, lo cual provoca que muchos se refugien en ella para manejarse a su antojo.

 

A través de su artículo titulado como “El Congreso Nacional: refugio de delincuentes”, Vega indicó que todos los corruptos deben ser juzgados y sometidos ante la justicia por sus actos en contra del Estado.

A continuación el artículo íntegro:

 

El Congreso Nacional: refugio de delincuentes

 

Por BERNARDO VEGA

 

Toda persona que es elegida senador o diputado goza de inmunidad parlamentaria mientras esté en el cargo y físicamente en el país.

 

Eso quiere decir que no podrá ser sometido a un proceso judicial sin la previa autorización del mismo Congreso Nacional. Lo lógico pues es que delincuentes busquen estar bajo esa “sombrilla” tan conveniente.

 

Si usted ganó mucho dinero como contratista de obras públicas, tanto en el país como en un Haití beneficiado con los recursos de Petrocaribe, use los recursos así ganados en una exitosa campaña para senador, aun cuando su competencia dentro de su propio partido esté representada por la hermana del presidente de la República. De esa forma su expediente de corrupción queda paralizado.

 

Si usted es perseguido por la Dirección General de Impuestos Internos por deber mucho dinero al impuesto sobre la renta, utilice la plata que debió haber pagado en impuestos en una campaña electoral para diputado. Una vez sea congresista meta aún más miedo a las autoridades impositivas haciéndose de una gran escolta militar. La DGII congelará su expediente.

 

Si usted está en negocio de drogas haga igual que los capos colombianos y mexicanos distribuyendo parte de la plata que gana en programas sociales dentro de su propia comunidad.

 

Utilice la otra parte para hacer campaña electoral como diputado. De esa forma estará dentro de los diputados que más votos saquen a nivel nacional, aunque hasta hace poco casi era un desconocido. Eso sí, no viaje a Estados Unidos.

 

Una vez en el Congreso bloquee leyes que perjudiquen a los que tienen recursos mal habidos. Por ejemplo, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Departamento de Estado y la DEA han insistido por años en que las cooperativas dominicanas sean monitorizadas por la Superintendencia de Bancos y la Junta Monetaria y no, como actualmente, por IDECOOP.

 

Entre las cooperativas más antiguas y que han ayudado mucho a la agricultura las hay serias y no debe depositar allí, sino en las nuevas, creadas ex profeso para los políticos.

 

Nunca deposite en un banco, pues estos tienen que cumplir con la Ley de Lavado y reportar cualquier anomalía y esos reportes hasta llegan a las oficinas de los norteamericanos.

 

Insista en que se mantenga la legislación actual de que las cooperativas solo sean supervisadas por el IDECOOP. Recuérdese de aquel director de IDECOOP quien tuvo que salir de Lawrence, Massachusetts, por problemas con la justicia norteamericana y quien trató de desbaratar el almacén de la cooperativa de Falcondo y quien luego perdió un pleito por difamación con Marino Zapete.

 

Opóngase a la Ley de Extinción de Dominio, aunque no entienda de qué se trata. Si un narcotraficante es condenado en Estados Unidos bajo esa ley sus bienes en República Dominicana pasarían al Estado y viceversa.

 

Proteja su patrimonio oponiéndose a la misma.

Igualmente opóngase a todo cambio en la ley que se pasó en 1997 (¡gracias Leonel!) creando las bancas de apuestas.

 

Ya son ocho los congresistas dueños de esos negocios que tanto perjudican a los pobres, pues no hay forma de ganar allí en el mediano plazo. Recuérdese del banquero Juancito Sport, asesinado aun siendo congresista.

 

Todo congresista que se respete tiene que contar con una escolta de guardaespaldas muy abundante.

 

Eso lo entenderían mejor aquellos de origen humilde. Si el presidente Abinader quiere humillar a un contrincante político la forma más efectiva es retirándole la escolta militar. Olvídese de esa historia de que cuando Oscar de la Renta transitaba desde la Padre Billini, acompañado de amigos extranjeros importantes, hasta el Mesón de Bari, su guardaespaldas caminaba en la otra acera y bastante distante y visto como un simple turista. Son estilos que no van con nuestra cultura.

 

Finalmente, exija a su escolta que tranque bien duro las puertas de su jeepeta, pues mientras más ruido hagan más respetado será usted. Olvídese de aquello que hizo el presidente interino Héctor García Godoy, de tomar la puerta y simplemente cerrarla sin ruido, con un simple “clic” exigiéndole al coronel que hiciera lo mismo. Son cosas de gente de primeras familias cibaeñas y con muchos años viviendo en Londres.

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