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Por: Inés Aizpún.. -La política exterior no ha sido uno de los fuertes de los últimos gobiernos. Los “compromisos” que llenaban de familiares y amigos las embajadas y los consulados eran una clara debilidad. Clara y cara. Los esfuerzos por impulsar las relaciones internacionales venían por oleadas, impulsos que prometían visión estratégica y profesionalización pero que se disolvían en pocos meses.

El PRM ha llegado a la antigua cancillería presentando una estrategia muy definida desde su programa electoral y que arrancó con la limpieza de la nómina (cerca de 2,000 “colaboradores” han sido “desvinculados”, como se dice ahora), ajustes en la escala salarial, proyecto de cobertura médica internacional para todo el personal en el exterior y capacitación obligatoria.

Además de los ajustes y categorización de las embajadas para determinar el personal que se necesita, es importante entender qué mandato reciben del ministro Roberto Álvarez estas delegaciones. Por supuesto, proteger a los dominicanos en el exterior, incluidos los que no se portan bien del todo. Promover la actividad comercial y atraer la inversión extranjera (en eso andan los embajadores de todo el mundo; “diplomacia comercial”, le llaman).

Y un tercer eje, el más interesante: “Promover los valores democráticos y derechos humanos consagrados en la Constitución dominicana.” Es una diplomacia más valiente y arriesgada que la comercial. Es más madura, es una diplomacia que abre puertas a un papel internacional más trascendente. Es una diplomacia más responsable con la situación del mundo y con el lugar que puede ocupar el país en este nuevo mapa.

(Firmar tratados y asistir a cumbres está muy bien, pero dar la cara por la libertad y los derechos humanos en otros países a veces no se entiende… y hay que hacerlo.)

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