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Por: Inés Aizpún. -Ampliar los horarios de restaurantes, bares, teatros, museos, galerías y otros establecimientos de ocio y cultura no es una invitación a descuidar las medidas de protección. Es una apuesta por proteger el empleo de miles de ciudadanos y la supervivencia de cientos de empresas. Y por recuperar la libertad de trabajo y movimiento.

No es obligatorio ir. Como tampoco lo era mandar a los niños a la escuela presencial. Las escuelas dominicanas han permanecido cerradas cuando en otros países se hicieron los ajustes necesarios para proteger a los alumnos y a los profesores y pudo salvarse un curso (o dos) y preservarse la salud mental, el aprendizaje y desarrollo psicosocial de sus alumnos más vulnerables. Los más afectados son los niños de familias de escasos recursos. Los otros no habrán aprendido lo suficiente, claramente. Pero no están tan mal.

Las escuelas cerradas han ensanchado la brecha social y la desigualdad y todavía no sabemos cuánto o cómo revertiremos el efecto de esta pandemia.

El cierre de los restaurantes no evita que la gente se reúna y beba y coma… y que los contagios en el círculo familiar se disparen. De hecho, las reuniones familiares son un riesgo alto. Pero sí deja sin empleo a miles de dominicanos que todavía no se han reintegrado a su trabajo.

Las vacunas están a disposición de todos. La responsabilidad personal también debe contar. Llevamos ya año y medio cerrando y abriendo, imponiendo y soltando restricciones y nadie sabe la fecha en que podremos decir que la pesadilla ha pasado.

¿Ha servido de algo estar tan limitados? Seguramente sí. ¿Sirve de algo, ya con vacuna, seguir tan limitados? Probablemente no.

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