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Madrid.- Más de uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años en todo el mundo tiene un problema de salud mental diagnosticado y casi 46.000 adolescentes se suicidan cada año, con lo que es una de las cinco principales causas de muerte para este grupo de edad.

 

Así lo refleja el informe anual de Unicef sobre la situación de la infancia en el mundo, difundido hoy y centrado en esta ocasión en la salud mental.

 

El “Estado Mundial de la Infancia 2021. En mi mente: promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia” es el análisis más completo hecho por Unicef sobre esta materia y revela que antes de la covid-19 la infancia y la juventud ya sufrían estos problemas “sin que se hicieran las inversiones necesarias para solucionarlos”.

 

Tan solo alrededor del 2 % de los presupuestos de salud de los gobiernos se destinan a la salud mental en todo el mundo, denuncia esta agencia de las Naciones Unidas.

 

EL 68 % DE LOS JÓVENES ESPAÑOLES “A VECES” SE SIENTEN DEPRIMIDOS

 

Según los primeros resultados de una encuesta internacional realizada por Unicef y Gallup entre niños y adultos de 21 países, que se adelanta en el “Estado Mundial de la Infancia 2021”, una media de uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 24 años encuestados dijo que a menudo se siente deprimido o tiene poco interés en realizar algún tipo de actividad.

 

En España, los resultados de la encuesta revelan que el 58,3% de los jóvenes de entre 15 y 24 años reconocen sentirse preocupados, nerviosos o ansiosos “a menudo” y el 36,1% “a veces”. Además, el 11,5% asegura que están deprimidos o tienen poco interés en hacer cosas “a menudo” y el 68,2% “a veces”.

 

A pesar de que el impacto de la pandemia en la salud mental y el bienestar emocional de los niños y adolescentes españoles es “innegable”, la agencia de las Naciones Unidas afirma que, si cuentan con el entorno y las herramientas adecuadas, “la mayoría serán capaces de normalizar sus vidas y tener una evolución positiva”.

 

Sin embargo, hay grupos especialmente vulnerables, como quienes ya tenían algún trastorno previo, las víctimas de violencia, los que sufrieron aislamiento, separaciones y/o duelos debido a la covid-19, los que están en riesgo de pobreza infantil, y los niños migrantes y solicitantes de asilo.

 

En España también está muy presente “el estigma asociado a los problemas de salud mental, si bien se observa que los propios niños y adolescentes están empezando a hablar cada vez más abiertamente de cómo se sienten y de sus necesidades”, afirma el estudio.

 

Para acabar con este tabú, Unicef España recuerda que se debe contar con una Política Nacional de Salud Mental de la Infancia y la Adolescencia, tal y como recomendó el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas.

 

MÁS DE 1.600 MILLONES DE NIÑOS HAN SUFRIDO UNA PÉRDIDA EN EDUCACION

 

A medida que la covid-19 se acerca a su tercer año, las consecuencias para la salud mental y el bienestar emocional de los niños y los jóvenes siguen siendo “enormes”, añade el informe.

 

Así, al menos uno de cada siete niños se vio directamente afectado por los confinamientos en todo el mundo y más de 1.600 millones sufrieron alguna pérdida en su educación. La alteración de las rutinas, la educación y el ocio, así como la preocupación de las familias por los ingresos y la salud, hacen que muchos jóvenes sientan miedo, rabia y preocupación por su futuro, resume el documento.

 

335.000 MILLONES DE EUROS: LAS PÉRDIDAS POR LOS TRASTORNOS MENTALES

 

Los problemas mentales diagnosticados, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ansiedad, autismo, trastorno bipolar, trastorno de la conducta, depresión, trastornos alimentarios, discapacidad intelectual y esquizofrenia, pueden perjudicar considerablemente la salud, la educación, las condiciones de vida y la capacidad para obtener ingresos de los niños y los jóvenes.

 

Aunque el impacto en la vida de los niños es incalculable, un nuevo análisis realizado por la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, que también se incluye en el informe, revela que las pérdidas económicas debidas a los trastornos mentales que provocan discapacidad o muerte entre los jóvenes se estiman en casi 335.000 millones de euros (388.000 millones de dólares).

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