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Por José Dunker 

Para entender lo que pasó con Kiko La Quema es necesario conocer la ‘psicología del barrio’, que no es la misma ‘psicología de la gran ciudad’.

En el barrio hay una lealtad limitada a su gente, y es muy raro que un vecino robe a otro vecino. Es igual en el campo: cuando un vecino cuida la finca del terrateniente, los otros campesinos respetan la finca, no por miedo al terrateniente, sino por respeto el vecino que cuida su tierra. Es por eso que rara vez, y solo excepcionalmente, un ladrón roba en su propio barrio, pues los ve como su gente, y muchas veces con más lealtad que la gente seria del barrio, pues él los trata como su propia familia. Eso explica su generosidad, que no es solo demagogia, sino compromiso con su gente, pero la gente del otro barrio es su lugar de trabajo, aunque se trate de robar y matar.

Lo que pasó con Kiko La Quema aparece muy claro en la película el Padrino, cuando actúa como el protector de su gente, pero cruel con los de afuera. De esa manera el delincuente es el protector en su propio barrio, defendiendo a los débiles de cualquier abuso, y haciendo regalos, y eso explica la lealtad del barrio hacia el delincuente, tal como se ha visto con otros casos, y con el célebre caso de Pablo Escobar en Colombia.

El problema de la psicología del barrio es una lealtad restringida a los del propio barrio, y no ver a los de afuera como seres humanos que merecen el mismo respeto. Es lo mismo que sucede con el nazionalista, cuando defiende a los nacionales a capa y espada, pero abusa del inmigrante, pues no los ve como seres humanos dignos de respeto. Eso sucede entre los gringos contra los latinos, incluyéndonos a nosotros los dominicanos, y sucede entre dominicanos con los haitianos, y por eso en ‘la camiona’ solo meten haitianos, y que sean negros, pues nadie se imagina un blanco indocumentado metido en ‘la camiona’.

Esto nos permite entender a Moisés en el Pentateuco cuando pide a su pueblo amar al inmigrante: “Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehova vuestro Dios” (Lev.19.34; Deu.10.19). La idea es: trata al extranjero como quisiera que te traten a ti si estuvieras en su lugar. Jesús luego hace de esto un principio universal: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt.22.39). En otras palabras, ama a los seres humanos, sin importar si son parte del barrio, o de la ciudad, simplemente por su condición de seres humanos, pues lo otro es prejuicio vulgar de los delincuentes en el barrio, o de los nazionalistas en la ciudad.

Es por esto que Moisés declaró: “Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda” (Deu.27.19). Es por esto que Jesús dirá a sus seguidores en el juicio final: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero (inmigrante), y me recogisteis…” (Mt.25.34-35).

El problema con Kiko La Quema, no es la falta de amor, sino que su amor se limitaba a la gente de su barrio, mientras Jesús nos reclama amor al prójimo de manera incondicional.

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