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Por: Margarita Cedeño. -Cada vez más, el cambio cli­mático nos va recordando la urgencia de ac­tuar para evitar que el mundo se convierta en un lugar imposible para la vida hu­mana. En semanas recien­tes, ha llamado la atención la advertencia de que el pla­neta se acerca al peligroso límite de los 1,5 grados de calentamiento global y que el pasado mes de julio ha si­do el más cálido desde que hay registros, una muestra de que la crisis climática es una realidad.

El acuerdo de Paris, firma­do en el año 2015, estaba su­puesto a ser la hoja de ruta para enfrentar el cambio cli­mático. Sin embargo, apenas 97 países han presentado sus planes nacionales de acción climática, menos de la mitad de los que firmaron el Acuer­do. Y lo que es peor, no se ob­serva un verdadero compro­miso por parte de los países del G20 con la reducción de las emisiones mundiales, a pesar de que son los 20 paí­ses que representan el 80% de las emisiones mundiales.

Tampoco se ha cumplido con la promesa financiera de movilizar 100 mil millo­nes de dólares anuales para apoyar las necesidades de los países en desarrollo, una me­ta que la pandemia del CO­VID-19 ha hecho aún más di­fícil de cumplir.

En ese contexto, el mundo se prepara para la Conferen­cia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26), que se realizará en Glasgow, Escocia, Reino Uni­do, en noviembre próximo.

Para la República Domi­nicana, la cita es de una im­portancia fundamental. Al estar colocados en el trayec­to de los huracanes, enfren­tamos un reto adicional al de otros países, que se agrava cada vez más por el calenta­miento global. Las lluvias se hacen más impredecibles, los fenómenos atmosféricos re­sultan más devastadores, las sequías más extremas y fre­cuentes.

Pero, además, al ser un país en vías de desarrollo, re­querimos del apoyo de la co­operación internacional para realizar las inversiones ne­cesarias que sirvan para en­frentar el cambio climático. A una voz, todos los países de­ben solicitar al G20 cumplir con los acuerdos de Paris del 2015 y priorizar el financia­miento de estas acciones.

Solo así podremos respon­der al reto climático a la veloci­dad que la ciencia nos indica, si es que queremos conservar un planeta en el cual vivir. El cam­bio climático es una amenaza para el desarrollo, para las ini­ciativas sociales, para el avance de la economía y, en general, para el bienestar de los ciuda­danos.

Hay que actuar porque las señales están ahí, la ciencia las ha interpretado de la ma­nera correcta y ha puesto en atención a todos los líderes mundiales sobre la necesidad impostergable de actuar. La COP26 será una cita decisiva para mantener vivos los obje­tivos acordados en París en el 2015. Necesitamos el mismo espíritu de colaboración y co­ordinación con el que nos en­frentamos a la pandemia del COVID-19, porque el cambio climático es, también, una crisis de igual magnitud.

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