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Por: Ellis Pérez. -Por conside­rar que estos temas man­tienen toda su vigencia ahora que el presidente Abinader dirigirá el próxi­mo diálogo, volvemos a publicar nuestros argu­mentos.

Desde pequeñito he es­cuchado repetidamen­te esa frase, y los años me han convencido de que así es. Todo parece indicar que el presidente Abina­der está procurando pro­ducir un cambio que deje su marca, su huella. Su lla­mado al diálogo multi-par­ticipativo ha sido bien aco­gido y ya hemos visto en la misma mesa a mansos y ci­marrones.

Algunos de los que par­ticiparon se han quejado de que la representación del gobierno no presen­tó la posición del mismo sobre los diversos temas a tratar, ni una agenda de referencia. Hay la expecta­tiva de que eso suceda en la próxima reunión, pauta­da para septiembre 15, en que participará el presi­dente Abinader. Aunque los temas a tratar suman una docena, como siem­pre, hay prioridades. Hay quienes han señalado que el tema de la reforma fiscal es el de mayor prio­ridad y que tal vez debía ser tratado separadamen­te. Otros piensan que al ponerlo dentro del con­voy pasaría más suave­mente.

Hay grupos que quie­ren resolver el tema de los fondos de pensiones y la posibilidad de que los trabajadores puedan te­ner acceso inmediato a un 30% de los mismos. Tam­bién señalan que el gobier­no y no las AFP privadas debían ser los administra­dores de esos fondos. En principio yo mismo esta­ba de acuerdo con estos dos conceptos, pero des­pués de escuchar las ex­plicaciones del economis­ta Jaime Aristy Escuder, creo que los fondos no deben tocarse hasta que llegue su tiempo de ma­duración. Otros econo­mistas me han aclarado que el manejo privado de las AFP se traduce en que por cada peso que ellos se ganan con la intermedia­ción producen, 13 pesos son para beneficio del fon­do de los trabajadores.

El tema del sector eléctrico requiere de un empleo a fondo, tanto conceptual como de ac­cionar, para disminuir drásticamente la enor­me cantidad de energía que se pierde en el pro­ceso de distribución. Con la creación del actual sis­tema de pensiones y jubi­laciones se suponía que desaparecería la moda­lidad de la cesantía. Sin embargo, en el tiempo, esto no se ha podido rea­lizar, mayormente por ra­zones políticas, y los em­presarios, especialmente los pequeños y medianos se quejan del exceso de cotizaciones y, según he podido comprobar, mu­chos de ellos trabajan con el mínimo de empleados por considerar que por cada empleado adicional la carga laboral aumen­ta, de manera que, en muchos casos, no se pue­de despedir un empleado porque no existe la liqui­dez para desvincularlo. ¡Esperemos!

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