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Santo Domingo. -Ante el público, ante las cámaras, jugadoras, cuerpo técnico y directivos de las Reinas del Caribe reciben con agrado los afectos, las muestras de alegría, y comparten la satisfacción por el histórico sexto puesto en la Liga de Naciones. Cuando se apagan las grabadoras, cuando ya no hay solicitud de selfies, se cambia la página y se retoma el enfoque hacia el compromiso mayúsculo del ciclo; Tokio 2020.

Hasta Cristóbal Marte, director y gestor del Proyecto Nacional de Voleibol, que celebra el resultado como un niño el juguete que pidió en Día de Reyes, pone los pies sobre la tierra y llama a no perder la brújula.

“Ellas (las jugadoras) están muy conscientes de lo que tienen que hacer, del objetivo, del trabajo que tenemos que seguir haciendo, de lo que tenemos que mejorar”, dice a DL Marcos Kwiek, el brasileño que dirige el equipo desde 2008 y que lo ha llevado a su tramo más brillante en la historia. “Ellas saben que no se pueden ilusionar con resultados porque el día siguiente siempre es el más difícil. Claro que celebramos, pero la celebración tarda solamente 24 horas, ya tenemos que pensar en lo que viene adelante”.

El equipo fue recibido el martes en el Salón Las Cariátides del Palacio Nacional por el presidente Luis Abinader en un emotivo acto donde la niña Esther Pacheco (hija del asistente de Kwiek, Wagner) se “robó” el show al pedirle al mandatario autografiar su camiseta, a lo que también se sumó la primera dama, Raquel Arbaje.

La participación en la Liga de Naciones en la italiana ciudad de Rimini, Italia, fue el primer torneo para el equipo en 15 meses, más que un fogueo, un ensayo para hacer ajustes.

Una asistencia que costó cerca de 300 mil dólares y que Marte agradeció el apoyo gubernamental a Abinader, de quien dijo, “sin su contribución había sido muy, pero muy difícil, por no decir imposible, asistir”.

Kwiek todavía tiene la duda entre una o dos jugadoras para definir el plantel, que partirá hacia Japón el nueve de julio a una base de entrenamientos de 10 días en Okayama antes de llegar a la Villa Olímpica.

Priscilla, decidida

Priscilla Rivera aparece en todas las fotos de los mejores momentos de la selección este siglo. Desde el oro en los Panam de 2003 hasta el de Lima 2019, incluyendo los Olímpicos de Atenas 2004 y Londres 2012, el quinto lugar en el Mundial de 2014.

Pero a los 36 años, la opuesta que entró al equipo de mayores en 2001 dice “basta” y lo hace como David Ortiz en 2016; con un nivel como para prolongar su carrera.

“Es de sabios tomar decisiones como estas a tiempo, yo quiero que la gente recuerde lo que yo he sido como atleta y que lo haga de la mejor manera posible, dejar un bonito recuerdo y dejar una bonita historia. No estoy arrepentida de la decisión que estoy tomando”, dijo Rivera a DL.

Su retiro se producirá en la Copa Panamericana que se montará en Santo Domingo, en octubre.

Un nivel que para mantenerlo le requiere una exigente rutina que incluye levantare a las 4:50 cuando móvil suena para hacer una preparación física individual, luego se entrena con el grupo en la mañana, más tarde otro tipo de trabajo y en la tarde asistir a la segunda sesión con las demás Reinas.

Todos sus planes pasan por seguir conectada al equipo nacional, pero de momento no se deja distraer de su enfoque en Tokio 2020.

“La Liga de Naciones era nuestra preparación. Ahora lo que queda es verificar los errores, recargar las energías y tirar para adelante. Si Dios lo permite es ir por una medallista, hay que ser ambicioso y no conformista”, dijo Rivera.

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