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Por: Angel Lockward

A poco más de un mes de las elecciones presidenciales de mayo el panorama, hasta hace unos días lucía apático, evidenciaba poco entusiasmo y cierto hastío después de las animadas dos primeras semanas del mes de febrero.

El Gobierno que resultó ganador en dicho torneo salió desacreditado en los métodos para imponerse y, como para reafirmar su vocación a repetir sus prácticas, se dedicó a comprar a candidatos electos, ex candidatos y candidatos de la oposición a todo lo largo de la geografía nacional; la oposición por su lado, cayó a la lona pero superó el conteo y se levantó ofreciendo la ansiada foto de Leonel y Danilo juntos en una actividad, mientras ambos partidos realizaban en todo el país el trabajo electoral que debió hacerse el año pasado. Como buenos dominicanos, que ponemos el candado después de ser robados. En todo caso el tiempo del marasmo les sirvió para adelantar, precautoriamente las diligencias ante la OEA y la comunidad internacional para aminorar el efecto del uso de los recursos públicos y recibir el dinero contenido en la Ley, que aunque muy escaso en relación con los fondos de que dispone el PRM, bien administrado, servirá para cubrir los gastos del último mes, en particular del día de las elecciones.

En esta etapa ya empezaron las movilizaciones de partidos y candidatos con Luis y Leonel a la cabeza, seguidos de la estructura del PLD y de su candidato; si bien el PRM lleva muchos aliados – que por lo general aportan poco -, la oposición, que no son sólo FP y PLD, sino también PRD y los demás partidos que postulan candidatos, arrean y pocos dudan que juntos son mayoría absoluta con lo que la segunda vuelta queda casi asegurada: todo voto por uno de ellos es un voto en contra de que Luis logre la mayoría absoluta.

Luís y Leonel, como los contendores de junio ya igualaron en todas las encuestas la tasa de rechazo, el primero debido a las críticas a cuestiones puntuales, básicas de su gestión como la inseguridad y el precio de los alimentos, entre otros temas que no dejan fuera el fiasco con Haití y una creciente preocupación a un quiebre democrático que desemboque en un Estado autocrático controlado por un solo partido que podría llevar el endeudamiento a una catástrofe y a reformar la Constitución, si logra control del Congreso Nacional, para restablecer la reelección y, el segundo porque su alianza con el PLD le dejó casi sin enemigos, la objeción a él era en gran medida política, no ética.

Calentadas las calles, con consignas y caravanas de ambos lados, como de seguro estarán en no más de una semana la gente centra su atención en dos eventos: el debate presidencial este mes y las elecciones el 19 de mayo.

Leonel admitió el debate temático y para ello fijó una rueda de prensa el lunes siguiendo a Luis, quien no quiso suspender la suya desde Palacio Nacional no obstante las recomendaciones y sugerencias recibidas: ahora están en casi iguales términos para imponer cada semana la agenda de discusión con cuestiones que ambos preparan durante los días previos.

Esto es solo un anticipo del debate que en breve los confrontará, empero en el que no hay preparación temática previa, sino que se responde con lo que hay en la cabeza, en el aire. Si bien en ese debate pocos dudan que Leonel gana, este debe noquear porque afianzar los motivos que han generado el rechazo de Luis no es suficiente, debe sumar el entusiasmo del vencedor sin discusión que ofrece soluciones novedosas ante los nubarrones que amenazan con tormenta los cielos de la república.

Si la Oposición se moviliza y logra aminorar la apatía convirtiendo el certamen en una lucha cívica por la patria y un mejor destino para los más pobres la lucha será cerrada: El Gobierno hará de todo para imponerse en primera vuelta y los partidos democráticos se juegan la vida y el futuro de los dominicanos para evitarlo, puesto que es una cuestión generalmente admitida que Luis, en segunda vuelta, no gana. Ahí le derrota un concepto parecido a la tasa de rechazo y, es que está imposibilitado de alianzas con los demás.

Desde 1994 estas serán las elecciones más reñidas porque entre Gobierno y Oposición no hay puntos de coincidencia y, si bien, la última estuvo bajo control mediante la amenaza continua, treinta días los sobreviven peleando para no pasar cuatro años llorando o quizás, el resto de sus vidas.

No obstante la afirmación anterior, hay un temor justificado: Que se repita la alta abstención del mes de febrero que favoreció al PRM. Los alcaldes recogen la basura y unos pocos, hacen algunos contenes. Ir a votar por ellos, ciudadanos que viven lejos, supone un coste, independiente de que algunos no valían el esfuerzo de ir a sufragar, pero, el Presidente es otra cosa. El es responsable de la seguridad, sus políticas definen los precios de los alimentos y el empleo y con sus legisladores, decide que el endeudamiento externo no sea eterno, el maneja la política exterior y es responsable de contener el fantasma haitiano… por él la gente si va a ir a votar.

Otro elemento importante ausente en febrero es que los dominicanos en el exterior no votan por los alcaldes, pero si por el Presidente y estos ciudadanos, piedra angular de nuestra economía, no pueden ser comprados con tarjetas de subsidio: ellos ven desde lejos a su país en peligro y sabrán qué hacer.

Si los dominicanos acá y en el exterior sienten que, además de bienestar, por el deterioro de los servicios públicos y la economía, la democracia está en peligro por las actuaciones autoritarias del Gobierno que afectan el Estado de derecho, irán a votar y no por Luis. Si no lo perciben a Dios que nos agarre confesados pues repetiremos la parte fea de la historia.

 

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