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Por: Luis Ortiz Hadad

Perdón, según la RAE, es: Remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. Mediante el perdón alguien es liberado, pero a menudo estamos muy resentidos con alguien que ni siquiera lo sabe y cuando logramos perdonar, realmente quienes se liberan somos nosotros mismos. El resentimiento es una mezcla de dolor moral e ira, funciona como un veneno que guardas celosamente en tu interior, que tiene el potencial de dañar tu mente e incluso, altera procesos neurofisiológicos que dañan tu cuerpo. Un fuerte resentimiento puede ser un importante factor causal en el desarrollo incluso del cáncer, por lo que cuando perdonamos, al primero que le hacemos un favor es a nosotros mismos.

Por haber nacido en el mundo occidental, bajo tradiciones judeocristianas, seguramente conocemos la oración del Padre Nuestro y sabremos que incluye: perdona nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Tal vez no notamos, que inconscientemente estamos reconociendo una condición para recibir el perdón y es: que nosotros también podamos perdonar. Ciertamente solemos hablar sin pensar y sin saber que las palabras tienen poder, tanto para quien la escucha como para quien las pronuncia, por lo que es importante escuchar y analizar lo que nosotros mismos decimos.

Cuando estamos llenos de resentimiento no es necesario que Dios nos envíe al infierno, porque ya estaríamos en él.

Muchas personas dicen: “yo perdono, pero no olvido” y ojalá fuera cierto, porque si perdonaras sin olvidar, te liberarías de esa emoción dañina, pero recordarías la enseñanza de la experiencia negativa. Pero solemos hacer lo contrario: olvidamos, pero no perdonamos, olvidamos el evento, pero en nuestro inconsciente la basura retenida sigue afectándonos en forma de un trastorno mental, pudiendo ser uno de los elementos etiológicos de un trastorno por estrés postraumático (TEPT).

No es lo mismo perdonar por conveniencia que por convicción, cuando es por conveniencia se mantiene tu dolor, pero aprendes a disimularlo, por convicción te liberas y lo superas. Cuando un dictador sanguinario mata a alguien, sus parientes no lo perdonan, aunque aparenten aceptación o conformidad al pensar que no pueden hacer nada. Si Alguien muy pobre recibe burlas de los demás, al sonreír parecería no importarle, pero en caso de que cambiara rápidamente su condición socioeconómica, a veces quien parecía no estar ofendido, manifiesta un odio reprimido que a todos sorprende. De igual forma, vemos personas que dicen ser pacíficas, pero cuando ven al ladrón amarrado aprovechan para golpearlo con saña. Necesitamos aprender a hacer justicia sin tener que acumular odio en nuestro corazón.

Si porque tienes poder ofendes a los demás, notarás que aparentemente perdonan tus agravios con facilidad, pero interiormente sabes que cuando ya no tengas ese poder, deberás alejarte lo más rápido posible, porque un ambiente de maltrato convierte las palomas en serpientes y las ovejas en lobos, a no ser que sean personas con mucho desarrollo espiritual.

Perdonar por convicción es diferente, se recuerda el evento, pero se logra alcanzar un nivel de comprensión especial, que permite curar la herida interna y continuar desarrollándose. Uno de los ejemplos más impresionantes de perdón que conocimos es el caso de Nelson Mandela, encarcelado y humillado durante 27 años, llega a ser presidente de Sudáfrica en 1994 y aunque habría podido esperarse que instaurara una dictadura vengativa, realiza un gobierno de conciliación nacional en que dio participación incluso a sus enemigos, siendo posible una transición pacífica que eliminó el Apartheid.

Cuando Jesucristo en la cruz dice: “perdónalos porque no saben lo que hacen”, no solamente muestra no tener rencor, sino que manifiesta una sabiduría superior que le permite comprender las limitaciones que tenían los que le agredían, ese es el perdón como una facultad superior. Si una víbora intenta morderme no tiene sentido que me llene de odio hacia ella, simplemente comprendo que es su naturaleza y tomo las medidas necesarias para protegerme.

Conocemos de forma limitada el funcionamiento de nuestra mente, pero lo cierto es que no recibimos el perdón mientras creamos no merecerlo, por eso decimos “perdónanos como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, si no consideras que los otros merecen perdón, tampoco tu consciencia aceptará tu propia liberación. Somos energía y el perdonar es uno de los elementos que más favorece que nuestra energía fluya con libertad. Lo que no podamos perdonar a otros, tampoco lo podremos perdonar a nosotros mismos. Y si no te perdonas, podrías incluso perder la salud tanto física como mental, además de atraer otros fenómenos negativos más complejos, porque toda la realidad está interconectada con vínculos que la física actual nos está ayudando a comprender y nuestras actitudes pueden generar las diferentes experiencias que vivimos.

Cuando te sientes culpable, aunque trates de autoengañarte, te cierras a fuerzas del universo que fueron creadas para ayudarte. El hombre abandona el paraíso cada vez que se reconoce culpable y solo nos perdonamos a nosotros mismos cuando hemos aprendido a perdonar a otros.

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