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Santo Domingo. -Cuando apenas contaba con ocho años de edad (2013), empezó a jugar béisbol y hacía pininos tocando la batería en la iglesia, Felnin Elías Celesten Antonio le prometió a su madre soltera que sus días pagando alquiler de casa estaban contados, así como los de trabajar como maestra en un colegio en Guaymate, al norte de La Romana.

Muy pronto le cumplirá el primer sueño cuando su primera cuenta bancaria sea inundada de papeletas verdes y ahora trata de persuadirla del segundo, aunque ese parece más dificultoso de lograr, puesto que ella dice disfrutar demasiado poder enseñar a leer y guiar a niños tras casi un cuarto de siglo haciéndolo.

El joven dominicano Celesten, que en septiembre cumplió 17 años, obtuvo el pasado 15 de enero el bono más alto para prospecto dominicano cuando se insertó al mercado de fichajes internacionales de las Grandes Ligas. Los Marineros lo firmaron por un bono de US$4.7 millones, el tercero más alto que se entrega en la historia a un quisqueyano.

“A los 11 años un chofer allá me decía, ‘¿usted no ha ido a ver a su hijo jugando? Su hijo va a ser pelotero, porque su hijo es bueno’. Otro entrenador que no trabajaba con él que una vez saliendo del colegio me dijo, ‘ese es el que te va  hacer soltar esos libros’. Estaba pequeño, cuando me dijo así lo miré y me reí”, dice Ruth Daniel Antonio Gue, la madre de la nueva joya de Seattle.

Se trata de un torpedero de 6’1 pies y 175 libras de pura fibra que batea a ambas manos, con poder y que alcanza los 55 puntos en la escala general de evaluación 80-20.

Separarse a los 12 años

Para 2016, el ruido que salía de su bate ya se escuchaba más allá del enclave agropecuario donde domina población originaria de Haití (llegada desde la primera mitad del siglo pasado) y alcanzó los oídos de José Daniel Ozuna, en Boca Chica, quien convenció a la familia de que para pulir esa joya se requería de un traslado de provincia.

Cuenta la progenitora que lo más difícil del proceso fue tener que desprenderse de su hijo único a los 12 años cuando tuvo que dejar su pueblo natal y establecerse en Guerra, en la JD Ozuna Baseball Academy, uno de esos laboratorios donde toma de media cuatro años de intenso y metodológico trabajo dar forma a estos diamantes en bruto por los que se paga fortuna.

“Tras conversar con su papá (Fines Celesten, con breve paso por los Orioles en 1997) decidimos mandarlos. No queríamos que mañana no lograra sus objetivos porque no tuvimos el valor de mandarlo”, dice. “La relación de él (el padre del niño, de quien se separó temprano) y mía siempre permaneció, en todo el sentido de la palabra. Felnin creció en un ambiente sano”.

Los mensajes de textos, con versículos bíblicos en las mañanas como estímulos, y las videoconferencias en las noches, hacía que los 112 kilómetros que separan la “pensión” en Guerra de Guaymate no fuera obstáculo para mantener el contacto diario y verse los fines de semana, ya sea que él fuera a La Romana o ella lo visitara en la concentración.

Cambio de vida

“Me decía a los 8 años, te voy a comprar tu casa. ‘Mami, te voy a comprar una casa como esa que está ahí’, una que quedaba frente a la de nosotros, de dos plantas; ‘a papi le voy a comprar una jipeta’, siempre me decía, ‘mami, yo no quiero que tú trabajes, cuando me firmen”, insiste Antonio, hija y hermana de maestras y quien complementaba su salario de profesora con la venta de dulces de naranja y jugar “san” para costear sus estudios de magisterio en la Universidad Nacional Evangélica (Unev).

“Para mí es algo grande, pude ver el sueño de mi hijo ser una realidad, al dar este primer paso (firmar). Económicamente van a cambiar las cosas, comodidad en la casa, yo soy una persona que le gusta hacer muchos oficios, lavar mucho, en esa parte, un poco de comodidad, creo que ahí. Pero lo demás, en cuanto al trabajo, el sueño de él es que yo no trabaje, es un poco fuerte porque (tengo) 24 años dando clases… Dios preparó todo para este tiempo, veremos a ver”, dice Antonio, quien pidió un permiso en el colegio para atender a DL.

Cumplir su sueño de niñas de ir a Francia, contemplar las bellas noches parisinas está en su agenda, además de mejorar la estructura de la iglesia donde se congrega. Lo dice en una acomodada residencia a la que se mudaron recientemente en una urbanización con acceso restringido en la zona costera de La Romana.

“Lo mío era tenerla cómoda”, dice Celesten, horas antes de realizar un culto de acción de gracias en la Iglesia Bautista Getsemaní de Guaymante que pastorea su abuela e integrarse a la academia de los Marineros en Boca Chica, el inicio de un largo proceso en el que se vislumbra en un lustro en las Grandes Ligas.

Talento muy especial

Celesten es uno de 21 prospectos criollos que ya han rubricado firmas millonarias. Solo el venezolano Ethan Salas (US$5,6 millones con los Padres) ha conseguido una rúbrica mayor que la suya en el mercado de fichaje.

Su talento es tal que un equipo surcoreano estaba dispuesto a entregar más dinero por él, pero el jugador lo rechazó puesto que su norte está en establecerse en las Grandes Ligas.

Solo Robert Puasón (US$5.3 millones con los Atléticos en 2019), Jasson Domínguez (US$5.1 MM con los Yanquis en 2019) y Nomar Mazara (US$5 MM con los Rangers en 2011) han acordado por bonos mayores que el de Celesten desde que en el país se comenzó a firmar jugadores, a mediados de la década de 1950.

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