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Por: José Francisco Peña Guaba

A quienes hemos hecho de la política nuestro oficio se nos hace muy intrincado despojarnos totalmente de la visión particular y hasta interesada, al realizar cualquier análisis de una coyuntura electoral determinada. Es que para los políticos profesionales vale más la experiencia y la percepción que todo lo demás; es que esa mezcla nos guía de manera instintiva y nos hace evaluar ciertas situaciones dejando de lado la rigurosidad técnica. La idiosincrasia de los pueblos y el comportamiento biológico de los seres humanos, son asuntos que deben ser de obligado estudio, sobre todo por la particular situación que estamos viviendo, “la pandemia del coronavirus”.

Para no desdecirme de mis artículos anteriores, aclaro que sigo pensando que nuestro comportamiento ancestral nos arrastra, lo natural es que revisemos nuestra historia ahí encontraremos el porqué de la pasión desenfrenada de imponer siempre sus dictados los jefes o líderes de turno. Los analistas políticos tenemos esa manía de valorar a nuestros electores por lo que han hecho en el pasado, ¡detenemos el tiempo! Ahí desciframos resultados. Sin embargo, es posible que no estemos auscultando correctamente a nuestros ciudadanos, tal vez por los datos contradictorios que están presentando los estudios y las encuestas. Solo un análisis profundo arrojará resultados sobre el sentimiento real que se está inoculando en la población dominicana.

Pareciera que de forma sigilosa se están imponiendo factores que pueden hacer cambiar de manera sorpresiva los resultados electorales. Ello así, porque el pueblo está entendiendo las cosas de manera tal vez muy diferente al natural comportamiento del pasado, y tiene lógica: es que el Covid está dejando secuelas que ya se ven en el cuerpo social dominicano.

La necesidad que está imponiendo el mortal virus es cómo protegemos nuestra salud y economía, eso vuelve a la mayoría conservadora y es en ese instinto visceral de auto protección que norma nuestra vida, es ahí donde puede ocurrir el vuelco que se puede producir en la decisión electoral, vuelco que intuyen los analistas de encuestas y que lo políticos no estamos viendo. Se trata de que Luis Abinader pudiese ganar en la primera vuelta electoral.

Escuchando a varios técnicos, describen que un electorado fluctuante en sus preferencias hace cambiar los porcentajes de valoración o apoyo a los partidos y candidatos, con cierta constancia. De una semana a otra se presentan diferencias numéricas algunas veces notables, lo que pudiera estar sucediendo sobre todo porque en estos momentos no se están haciendo encuestas presenciales sino telefónicas y on-line, de manera que tienen algunos sesgos porque el encuestador, al no ver físicamente el encuestado, no puede hacerse una valoración real de informaciones estratégicas, tales como la edad, la situación social y económica, etcétera.

Lo que sí pueden medirse son las tendencias, las líneas generales que pueden marcar hacia dónde va el electorado y por qué. Entre esas tendencias se encuentran algunas como las que se citan a seguidas. Veamos: el miedo al contagio hace suponer que la mayor abstención se producirá en la clase alta y en las capas medias, que en estos momentos es un voto opositor favorable básicamente hacia el PRM. También son los sectores más propensos a dejar de votar pero ojo, son también los mayores influenciadores y, de hecho, están haciendo cambiar la percepción a la mayoría de las clases populares, lo que tiene su lógica en el confinamiento, la TV y las redes sociales. Ellos están imponiendo la narrativa y aunque el gobierno tiene un arsenal mediático muy bien pagado, la popularización del término “bocina” le ha restado poder persuasivo a los supuestos líderes de la comunicación.

Hay 5 factores subyacentes que pueden terminar haciendo Presidente a ABINADER en la primera vuelta, según estos analistas: primero, como se dice, el miedo al contagio, por el que hace que la población no se quiere arriesgar dos veces y pudiera decidir “salir de eso” desde la primera vuelta, dándole el voto a quien tiene más posibilidades de ganarla; segundo, la imposibilidad que está viendo la población de un acuerdo entre Danilo y Leonel, puesto que no se pondrán de acuerdo ni en la primera ni en la segunda vuelta por los niveles de confrontación existentes entre el PLD y la FP, de manera que este elector desencantado puede no votar o votar contrario ante la inminencia del triunfo opositor.

Tercero, las bajas que está teniendo la alianza gubernamental, notable con el caso del PRD, que está siendo abducido por el PRM. Lo propio ocurre con otros partidos minoritarios cuya militancia, a fuerza de no tener esperanza, se le está moviendo hacia el frente opositor. Ahí está el caso del Partido Liberal Reformista (PLR), de Amable Aristy, cuyo mensaje es funesto para el oficialismo porque si un viejo zorro de la política salta de ese barco, “no lo duden es porque se está hundiendo”.

Cuarto, la victoria de la oposición en las urbes más pobladas está influyendo decididamente en el voto nacional. El peso electoral y mediático del gran Santo Domingo es determinante y ahí ganaría el PRM, a todas luces, irradiando esa tendencia a todo el país.

Pero el quinto y más importante factor que silenciosamente se está propagando a mayor velocidad que el coronavirus, a contrapelo de todo lo que está y hará el gobierno para impedirlo con una inversión asistencialista multimillonaria, es el proverbial sentido de la oportunidad del dominicano, que no respeta clases, ni edades, ni color, ni formación educativa, ni militancia partidaria y que es una condición situada en los genes y en la sangre de nuestros compatriotas.

Para los que dudan de las razones del porqué se está presentando esa tendencia en nuestra electorado, solo tenemos que abrir nuestras algunas veces cerradas mentes y con simpleza lo veríamos: los perredeistas vuelven a su casa, donde están la mayoría de sus compañeros y amigos. Los de partidos emergentes, a fuerza de no quedarse sin nada, o sea, sin votos y sin espacio de participación en un nuevo gobierno, se desmontan del tren de donde están y se cambian para el que tiene destino seguro; quienes están con el bloque que apoya a Leonel, ante la sinrazón de la cúpula palaciega y, sobre todo, ante la humillación permanente a su líder, ante la eventual imposibilidad de clasificar por la acciones non sanctas del gobierno, pudiesen cobrar venganza votando una parte en contra. La militancia prestada oportunista y arribista (de amigos, familiares y novias de los funcionarios) que tiene todos los gobiernos), asustados, para comenzar a proteger sus intereses y libertad a último momento, comenzarían pronto a voltearse y a buscar valla hacia donde huele que va el Poder. Con ese pragmatismo singular nuestro, al grito popular de “prohibido joderse”, darían el zarpazo final a las aspiraciones continuistas del palacio.

Si es como están diciendo las encuestas y la lógica del tan natural y entendible proceder de nuestra gente en tiempos del coronavirus, ante la división real e inminente del otrora todopoderoso PLD, los vaticinios dirigenciales no valdrán, los esfuerzos de percepción mediática impuesta por el gobierno tampoco, ni la presión a los empleados que se saben que en julio están a ley de un cheque o deben de buscar otro oficio o un padrino que les garantice su permanencia.

Tampoco las tarjetas de los programas asistenciales valdrán, pues ¿qué tiene más valor electoral, quien se las va a dejar después de agosto o quien se las entregó? Ante el intento oportunista de comprar impunidad que han de realizar con sobres enviados a los posibles nuevos inquilinos del palacio, por parte de los beneficiarios económicos de las gestiones peledeistas -que también los obligará concomitantemente con el aporte a cierta ralentización de las acciones en contra del PRM- todo ello presenta un panorama desolador para quienes han gobernado el país por tantos años.

Los criterios que aquí expongo, está claro, no son los míos. Yo todavía creo que habrá segunda vuelta pero, a fuerza de tan convincentes razones y tendencias que marcan las encuestas, lo imposible se puede volver posible, pudiéndose repetir a efectos de crear un paralelismo a lo que existe hoy, repitiéndose a fuerza de no entenderse como en el 1986 la situación que se produjo cuando los grupos internos del PRD, siendo mayoría, perdieron frente al PRSC y al Dr, Balaguer por no encontrar una fórmula unitaria que les garantizará el triunfo.

Aunque no me cabe la menor duda que las fuerzas combinadas del PLD y la Fuerza del pueblo y sus aliados son mayoría, máxime que ahí están también los símbolos de los partidos tradicionales conjuntamente con el de la estrella amarilla, el PRD y el PRSC, sus casi insalvables diferencias harían migrar una parte de sus electores a la opción con mayor potencialidad de ganar las elecciones en Julio.

Solo faltan 7 semanas para que se abran las urnas y hable el soberano. Ahí se verá si habrá o no una lección para los gobiernistas y pueblistas, y conjuntamente a nosotros sus aliados, que dé valor más que nunca como experiencia electoral a la frase de nuestro Señor Jesucristo (anotada por el apóstol Lucas, 11:14-23), repetida por Abraham Lincoln y ahora por nosotros: “Una cada dividida en contra de sí misma no puede sostenerse”

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