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Por: Margarita Cedeño. -Ahora que se habla de con­vocar al lide­razgo político nacional para llegar a acuerdos sobre im­portantes reformas que re­quiere el país, convendría aprovechar el escenario pa­ra promover pactos tenden­tes a la recuperación sosteni­ble y con igualdad del tejido económico y social de la Re­pública Dominicana.

Para todos está claro que tenemos una alta deuda so­cial con los sectores más vul­nerables del país y que cual­quier impulso a un conjunto de acciones de políticas pú­blicas que promuevan la in­clusión, el bienestar y la me­jora de la calidad de vida de los dominicanos y dominica­nas, sería una propuesta que contaría con el apoyo unáni­me de toda la población y de las fuerzas vivas de la Nación.

El momento actual se ase­meja a los acontecimientos que sucedieron a la crisis fi­nanciera internacional de la primera década de este mile­nio, momento en el cual con­venimos en que hacía falta proyectar el futuro del país y evaluar cuáles eran las medi­das impostergables que de­bían adoptarse para mejorar las condiciones de vida de los dominicanos. De ahí surgió la Estrategia Nacional de De­sarrollo, un mapa claro y pre­ciso del camino que debía­mos recorrer para una mejor República Dominicana.

Aunque se trata de un do­cumento proyectado hacia el 2030, la pandemia del CO­VID-19, que ha sido un acon­tecimiento imprevisto, nos obligar a revisar lo alcanza­do hasta el momento y rede­finir algunos objetivos, ade­cuándolos al contexto actual. Más aún, necesitamos eva­luar la END a la luz de los Ob­jetivos de Desarrollo Sosteni­ble de las Naciones Unidas y de las recomendaciones que han emanado de los distin­tos organismos internaciona­les que evalúan el efecto de la pandemia para el futuro de la humanidad.

Así como la pandemia constituye un hecho sin pre­cedentes en la historia de la humanidad, por lo menos en su magnitud y efectos, tam­bién requerimos de accio­nes sin precedentes que se alejen de lo tradicional, por­que no estamos ante un reto común y corriente, si no an­te un momento de la historia que puede redefinir el futuro de nuestros pueblos e institu­ciones.

El liderazgo político se­rá convocado a una amplia discusión sobre varios temas que afectan a la sociedad do­minicana, pero no podemos perder de vista que, por un lado, tenemos la oportuni­dad de repensar muchas de las líneas estratégicas sobre las que se sustenta el país, pero también hay otras que requieren ser continuadas y fortalecidas.

No perdamos de vista que la República Dominica­na ocupa un lugar en el con­cierto de las Naciones y que somos víctimas de las asi­metrías globales que nos co­locan en una posición difícil ante retos universales, como el cambio climático, la des­estabilización financiera y el proteccionismo global. Por ende, está la oportunidad también de evaluar nuestras estrategias de cooperación internacional y sumarnos a la discusión sobre temas tan importantes como la econo­mía circular, la economía de cuidados, el capital social, la deuda global y el acceso a fi­nanciamiento para el desa­rrollo.

Es un momento único pa­ra la humanidad, que requie­re de verdadero liderazgo y capacidad de resiliencia, pa­ra tomar decisiones difíciles pero necesarias y, a la vez, proyectar una República Do­minicana más grande y prós­pera, pero también más co­hesionada y feliz.

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