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Por: Ellis Pérez. -Los que segui­mos el aconte­cer cotidiano, recordamos que a raíz de los atentados del grupo terrorista Al Qaeda a las torres gemelas de Nue­va York y del edificio del Pentágono en Washing­ton, el gobierno norte­americano de entonces decidió perseguir a este grupo terrorista y eli­minar físicamente a su líder máximo Osama Bin Laden. Este gru­po terrorista había es­tablecido su sede en Afganistán, lo que de­terminó que las fuerzas militares norteameri­canas fueran enviadas allí. Estas enfrentaron al gobierno de enton­ces dirigido por el gru­po fundamentalista is­lámico conocido como los Talibanes. Estos ha­bían asumido el poder en 1996 después de ha­ber derrotado al ejér­cito ruso que los había invadido previamen­te. Gobernaron desde 1996 hasta el 2001. Son conocidas las bar­baridades cometidas por ese gobierno que incluyen la eliminación por destrucción de una cantidad de monumen­tos y símbolos no liga­dos a la religión, de esa nación. También se re­cuerda el trato desme­didamente cruel e in­justo que aplicaron a las mujeres y niñas de Afganistán que no se adherían a los man­datos fundamentalis­tas, que prohibían en­tre otras cosas que las mujeres salieran de sus casas sin tener todo su cuerpo cubierto por el famoso burka. A las jó­venes se les tenía pro­hibido asistir a las es­cuelas después de los doce años. A las mu­jeres no se les permitía salir a trabajar, ni ca­minar por la calles sin acompañamiento de un adulto varón.

Con la llegada de las fuerzas militares de USA y el establecimien­to de un gobierno afga­no guiado por los mili­tares norteamericanos fueron eliminadas to­das esas medidas ex­tremas impuestas por los talibanes. Se inició un proceso de estable­cer un gobierno al es­tilo de las democracias occidentales, con ple­na y abierta participa­ción de la mujer. Ese proceso fue creciendo al punto de que la ge­neración actual está acostumbrada a la vi­da tipo occidental y en este momento mues­tran mucho temor de que los talibanes vuel­van a establecer sus ri­gurosas y extremas me­didas.

El mundo, en su ma­yor parte, ha quedado sorprendido por la falta de preparación y pre­vención que ha debido tener el gobierno norte­americano y el presiden­te Biden, con la salida de sus fuerzas milita­res de Afganistán, habi­da cuenta de que se es­tima entre 30 y 50 mil los norteamericanos que viven allí, mas unos 20 mil afganos que colabo­raron en diferentes la­bores con los norteame­ricanos y que hoy temen por sus vidas.

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