Santo Domingo. – El presidente Luis Abinader solicitó el cargo al doctor Mario Lama como director ejecutivo del Servicio Nacional de Salud (SNS), poniendo fin a una gestión de cinco años atravesada por crisis recurrentes, desabastecimiento de medicamentos y un creciente descontento social que terminó erosionando la confianza ciudadana en el sistema público de salud dominicano.
La renuncia de Lama se hará oficial en las próximas horas.
Una fuente de alto nivel del gobierno confirmó a este medio que el mandatario solicitó personalmente el cargo a Lama durante un encuentro privado celebrado en los últimos días, en el que quedó claro que el desgaste político del funcionario hacía insostenible su continuidad al frente de la institución que administra los 34 hospitales regionales y más de 1,800 centros de atención primaria del país.
El relevo ya está decidido: el Dr. Julio Landrón, actual director del Hospital Traumatológico Dr. Ney Arias Lora —considerado uno de los centros mejor gestionados de la red pública—, asumirá la dirección del SNS en los próximos días, con el mandato explícito de reconstruir la credibilidad institucional y enfrentar los problemas estructurales que Lama no pudo resolver.
Una gestión asediada por las crisis
Desde que asumió el cargo en agosto de 2020, Mario Lama enfrentó un escenario complejo: heredó un sistema golpeado por la pandemia de COVID-19, con hospitales saturados, personal médico agotado y una infraestructura que mostraba décadas de abandono. Sin embargo, lo que se esperaba fuera una gestión de recuperación se convirtió en un calvario administrativo del que nunca logró salir.
Los problemas se acumularon con una persistencia que terminó definiendo su mandato: desabastecimiento crónico de medicamentos en los hospitales, demoras en las cirugías programadas, denuncias de presunta corrupción en las compras institucionales, y un manejo errático de las crisis mediáticas que erosionó su capital político hasta hacerlo prescindible.
El punto de quiebre llegó en los últimos meses, cuando múltiples hospitales reportaron faltantes críticos de insumos básicos —desde analgésicos hasta material quirúrgico—, mientras los gremios médicos multiplicaban sus protestas y las redes sociales se convertían en un tribunal permanente contra su gestión.
Lama intentó defender su administración argumentando que los problemas eran estructurales y que había heredado un sistema colapsado, pero sus explicaciones nunca lograron contrarrestar la percepción pública de ineficiencia. Las familias que veían morir a sus enfermos por falta de medicamentos o que debían esperar meses por una cirugía no estaban dispuestas a escuchar razones técnicas: querían soluciones, y estas nunca llegaron con la rapidez necesaria.
El costo político para Abinader
Para el presidente Abinader, mantener a Lama al frente del SNS se había convertido en un lastre político innecesario. Con las elecciones de 2028 en el horizonte, el mandatario no podía permitir que la salud pública siguiera siendo su talón de Aquiles.
La decisión de pedir su renuncia no fue improvisada: responde a una evaluación fría del desgaste acumulado y de la necesidad de enviar una señal clara a la ciudadanía de que el gobierno está dispuesto a corregir cuando las cosas no funcionan. En política, saber cuándo soltar es tan importante como saber cuándo aferrarse a las posiciones, y Abinader entendió que había llegado el momento de cambiar el timón en la Red de salud.
Landrón llega con el mandato de profesionalizar la gestión del SNS, depurar los procesos de compras —donde se presume que ocurren las mayores filtraciones—, y recuperar la confianza de los gremios médicos, cuya relación con Lama se había vuelto tóxica e improductiva.
No será tarea fácil. El SNS es un monstruo administrativo con casi 50,000 empleados, un presupuesto superior a los 60,000 millones de pesos, y una red de proveedores donde los intereses políticos y económicos se entrelazan de formas que dificultan cualquier reforma de fondo.
Las lecciones de una gestión fallida
La salida de Mario Lama deja varias lecciones para quienes aspiran a gestionar instituciones públicas de alta sensibilidad social. La primera: el voluntarismo no basta. Se puede tener buenas intenciones y aun así fracasar estrepitosamente si no se cuenta con las capacidades de ejecución y la habilidad política necesarias para navegar en aguas turbulentas.
La segunda: en el sector salud, cada error se paga con vidas, y eso la ciudadanía no lo olvida ni lo perdona. Los funcionarios pueden justificar demoras burocráticas, problemas presupuestarios o herencias difíciles, pero cuando un niño muere por falta de un medicamento que debió estar disponible, todas las explicaciones suenan a excusas.
La tercera: la comunicación importa. Lama nunca logró construir una narrativa convincente sobre su gestión. Cada crisis lo encontraba en modo defensivo, reactivo, incapaz de anticiparse o de generar empatía con una ciudadanía que solo quería ver resultados concretos.
Un SNS que exige refundación
Más allá de los nombres y apellidos, lo que esta salida pone de manifiesto es que el Servicio Nacional de Salud necesita una refundación estructural que trascienda los cambios de director. Los problemas que enfrentó Lama —y que ahora heredará Landrón— no se resolverán solo con mejor gestión: requieren una reingeniería institucional profunda, más recursos, y sobre todo, voluntad política para enfrentar los intereses creados que han convertido la salud pública en un botín.
El presidente Abinader tiene ahora la oportunidad de demostrar que este cambio no es solo cosmético, sino el inicio de una transformación real. La ciudadanía estará atenta, porque en República Dominicana hemos visto demasiadas veces cómo los funcionarios cambian, pero los problemas permanecen.
Mario Lama sale, el Dr. Julio Landrón entra, pero los pacientes que esperan meses por una cirugía siguen ahí, los hospitales siguen sin medicamentos, y las familias siguen angustiadas. La prueba de fuego del nuevo director no será cuánto dure en el cargo, sino cuántas vidas logre mejorar mientras esté en él.
Esa es la única métrica que importa.
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