SANTO DOMINGO, RD.- En una sociedad donde muchos ceden ante el poder, negocian principios o se acomodan al silencio conveniente, surgen figuras que rompen el molde y generan incomodidad. Ese es el caso del periodista y empresario de la comunicación Salvador Holguín, definido por sectores como “un gladiador en la arena pública” por su postura firme y su discurso frontal.
De acuerdo con el articulista Alexis Guzmán, Holguín representa una voz que desafía el statu quo, al mantener una línea crítica en un ecosistema mediático donde, según afirma, predominan “los silencios comprados y las verdades maquilladas”. A su juicio, esa misma firmeza sería la razón por la cual el comunicador no ha logrado ocupar una curul en el Senado de la República.
“No porque no tenga méritos, ni respaldo, ni voz, sino porque representa un peligro para quienes han convertido la política en un club cerrado, reservado para los obedientes y complacientes”, sostiene el texto.
El análisis también resalta que, pese a su arraigo en El Pino, provincia Dajabón, y su trayectoria pública, Holguín no ha sido integrado a estructuras de poder que, en teoría, deberían representar a su demarcación. Esta situación es calificada como “irónica y dolorosa”, en contraste con la presencia de figuras que, según el autor, responden más a intereses particulares que al bienestar colectivo.
En ese contexto, el escrito describe a la República Dominicana como “una nación bendecida por su naturaleza, pero golpeada por la mediocridad, el egoísmo y la mezquindad en sectores llamados a servir”, señalando que quienes no se someten al sistema suelen ser marginados o enfrentados.
Asimismo, se hace referencia a un hecho ocurrido en Madrid, España, que es interpretado como una “señal peligrosa” sobre los niveles que puede alcanzar la confrontación política, especialmente cuando se percibe riesgo para la integridad de comunicadores. El autor advierte que este tipo de situaciones trasciende las diferencias ideológicas y plantea un desafío directo a la democracia.
En esa línea, cuestiona el silencio de figuras como el presidente Luis Abinader, así como de dirigentes políticos como José Ignacio Paliza, Carolina Mejía y Deligne Ascención, a quienes atribuye la responsabilidad moral de pronunciarse ante situaciones que involucren la seguridad y la libertad de expresión.
“Callar no es neutralidad, es complicidad por omisión”, enfatiza.
Pese a este panorama, el artículo concluye destacando que Salvador Holguín “sigue de pie”, manteniendo su postura crítica, denunciando y cuestionando el poder. Según Guzmán, esa resistencia es precisamente lo que desconcierta a sus adversarios.
Finalmente, se plantea que, aunque no ostente una posición electiva, Holguín cuenta con “credibilidad, carácter y respaldo popular”, elementos que a juicio del autor trascienden cualquier estructura política y podrían definir su futuro en la vida pública nacional.
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