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Por: Rosario Espinal

En muchos países de América Latina el sistema de partidos colapsó y ha sido sustituido por candidatos que irrumpen en la política de manera repentina y utilizan franquicias partidarias disponibles para llegar al poder. Los hay de distintos colores ideológicos y estilos como ilustra esta lista: Hugo Chávez, Alberto Fujimori, Nayib Bukele, Gabriel Boric, Javier Milei, Pedro Castillo, Bernardo Arévalo, entre otros.

En la República Dominicana no se ha producido este fenómeno, a pesar de que los tres partidos principales que estructuraron el sistema de partidos dominicano del post-trujillismo se han dividido en los últimos 20 años: el PRSC en varias ocasiones y facciones, el PRD en dos facciones y el PLD en dos facciones.

¿Qué explica entonces que, a pesar del fraccionamiento de esos tres partidos, no haya colapsado el sistema de partidos? Aquí señalo cinco razones.

1) La identificación partidaria. En las encuestas comparativas de la región en las primeras dos décadas de este siglo, la República Dominicana registró un alto nivel de simpatía partidaria. Esa identificación partidaria tiene su raíz en la polarización que caracterizó la política dominicana en la década de 1960 y 1970, y la fortaleza de los liderazgos políticos de esa época encarnado por Juan Bosch, Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez.

2) La participación electoral. También ha servido de estabilizador el alto nivel de participación electoral que ha registrado la República Dominicana, sobre todo, en elecciones presidenciales. El promedio de abstención en elecciones presidenciales de 1978 a 2016 fue 28%, aumentando a un inusual 45% de abstención en las presidenciales de 2020 en medio de la pandemia.

3) La integración clientelar. Los partidos políticos grandes han incorporado amplios segmentos sociales al sistema clientelar. Aunque han proliferado los partidos pequeños, los grandes ganan elecciones y facilitan el acceso de los pequeños al Gobierno. Esto ha producido una amplia integración partidaria al Estado clientelar en distintas coaliciones.

4) Relevos partidarios. El sistema de partidos ha producido sus relevos en momentos de cambio. A fines de la década de 1980, ante las limitaciones del PRD y el PRSC para articular sólidas mayorías electorales, se fortaleció el PLD; que, después de la muerte de Balaguer en el 2002, absorbió la masa votante balaguerista y se fortaleció. Ya en este siglo, la división del PRD en el 2013 generó el PRM que suplantó al PRD y llenó el espacio político a la salida del PLD del poder en el 2020.

5) El partido dominante. La división de los partidos grandes ha reducido la competitividad electoral, por lo que, ha surgido un modelo de partido dominante que ha prevenido el colapso del sistema. De 2004 al 2020 el partido dominante fue el PLD. Ahora el PRM intenta replicar esa experiencia ante una oposición peledeísta dividida. O sea, el modelo de partido dominante ha comenzado a generar su propia alternancia.

Un factor clave para que el PLD gobernara 16 años consecutivos fue su unidad y la división de la oposición. El PRM se beneficia ahora de lo mismo.

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