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Todo empieza con una pregunta: ¿por qué ciertas personas, aparentemente sanas, pueden verse afectadas por problemas cardíacos? El estrés y los excesos cotidianos son algunas de las respuestas. Y es en este escenario que el corazón, uno de los órganos más nobles y misteriosos de nuestro cuerpo, cobra protagonismo.

Es conocido que el cerebro tiene una capacidad única para captar las distintas emociones y se activa con los impactos, tanto positivos como negativos. Desde la alegría a la tristeza, cerebro y corazón no funcionan aislados.

“Una emoción negativa no resuelta podría ser el componente para que se desencadene un evento cardiovascular”, dijo el cardiólogo Martín Lomardero.

“El corazón está íntimamente ligado al cerebro y a una conciencia única”, señaló y agregó: “El corazón es el órgano que más información le da al cerebro y esta información, en algunas ocasiones, se da en un instante previo a que el cerebro la decodifique. Entonces, existiría evidencia que el corazón parece recibir información intuitiva antes que el cerebro”.

La hipertensión, los infartos, el síndrome cardio-metabólico, entre otras, son algunas de las enfermedades cardiovasculares relacionadas a los estados emocionales negativos.

Lombardero es miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), cuenta con una vasta trayectoria en imagen cardiovascular y reconocida experiencia académica, y acaba de publicar el libro El corazón es consciente. Puedes cambiar tu destino cardiológico.

Hay evidencias científicas de que en el corazón existirían neuronas, aunque no de la forma de las neuronas de nuestro cerebro. Estas neuronas son parte de la vía nerviosa que comunica el corazón con el cerebro. Habría evidencia de que existirían 40,000 neuronas en el corazón y esto tiene que ver con la percepción y la intuición, pero no con el razonamiento. El corazón tiene un cerebro intuitivo.

La razón siempre está en la mente, así como los miedos que tenemos y nos inventamos que están en la mente que, a su vez, repercuten en el corazón. La mayoría de los estados emocionales negativos tienen como factor común el miedo: a la pérdida, a que el otro sea mejor, a que me dejen, a la enfermedad, al mañana, etc.

 

El corazón envía información intuitiva al cerebro y, a la vez, sufre el miedo de la mente. Somos los únicos animales que tenemos traumas del pasado y miedo al futuro, y eso nos aleja del presente. El resto de los animales vive el presente.

―¿Cómo afectan los estados emocionales negativos como el enojo, la culpa, la pérdidas y el estrés al corazón?

Por ejemplo, la pérdida tiene como base el miedo, que nos genera un estado de alarma permanente (vía cortisol), similar al estado de alarma que teníamos frente a un depredador hace miles de años. La respuesta del cuerpo es siempre la misma: se activa el sistema simpático, que es nuestro sistema de alerta. Es importante que entendamos que es la misma respuesta que teníamos frente a un depredador (¡muy de vez en cuando!) hace miles de años y que hoy la tenemos establecida de manera permanente, día a día, por el estrés que vivimos en la sociedad actual, que es el depredador del siglo XXI.

¿Podemos cambiar nuestra realidad cardiovascular y mejorarla? ¿Cómo?

¡Claro que si! ¡Somos partícipes de nuestro propio destino! trabajando en la prevención de los aceleradores de la enfermedad ateroesclerótica como la hipertensión arterial, el sedentarismo, la mala nutrición, el sobrepeso, el tabaquismo, entre otras. Además, tenemos que enfocar en gobernar nuestros estados emocionales y bajar el estrés crónico, por ejemplo, con la meditación. Así podemos entonces cambiar nuestro destino cardiológico.

¿Qué hábito podemos incorporar en nuestra vida cotidiana para bajar la inflamación sistémica crónica?

Una de las claves para bajar la inflamación sistémica crónica que genera el estrés es el ejercicio. El ejercicio demostró ser la mejor píldora para bajar la mortalidad cardiovascular y de otras enfermedades inflamatorias. La acumulación de estrés en el cuerpo hace daño y la forma de liberarlo es a través del ejercicio. El entrenamiento moderado y constante es la mejor píldora y está al alcance de todos aquellos que no tengan una incapacidad física.

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